TENGO UN HIJO(A) Y AHORA ¿POR DÓNDE EMPEZAR?

Cuando se es mamá o papá primerizo, te ves frente a frente con tu hijo o hija y frecuentemente te preguntas y ahora, ¿qué hago? ¿Quién tiene la razón? ¿Le hago caso a mi mamá, a mi suegra, a los libros o a los cursos? Lo cierto es que no sabemos y damos traspiés en busca de lo mejor para la crianza de nuestros hijos.

Los libros, los amigos, la familia, los doctores y demás, se vuelven voces alrededor de nosotros que nos pueden ayudar o atormentar a la hora de tomar decisiones sobre cómo criar a nuestros hijos. Y que decir cuando tú y tu pareja pertenecen a culturas distintas, la cosa se complica, porque lo que te puede indicar la cultura de tu pareja puede ser totalmente lo contrario de lo que has oído o visto en la tuya.

En mi consulta es frecuente ver madres que se dicen atormentadas por estar educando de una forma que va en contra de lo que su instinto les dice, lo que pasa en estas madres es que las voces exteriores se tornan superiores a sus deseos. Por esta razón escribo esta pequeña guía para los nuevos papás que intentan saber a qué voz realmente hay que escuchar sin atormentarse tanto.

La voz del instinto es, a mi parecer, a la primera que hay que poner atención puesto que en nuestra naturaleza traemos el instinto de cuidar a la cría. Si bien, hay mujeres que no sienten el llamado de la maternidad, a la cual hay que hacerle caso porque quizás les está diciendo que no es tiempo de ser madre, que quizás más tarde o que quizás nunca; hay otras mujeres que desean y se dan a la tarea de conseguir su maternidad. A pesar de que ellas han buscado con mucho afán ser madres las hay quiene no logran escuchar su instinto. No hay que desesperarse, algunas veces hemos olvidado oírlo porque nos abruma el ambiente o por las otras voces, pero con paciencia o quizás con ayuda de un profesional puedes recuperar la habilidad de oírlo.

Les contaré un par de historias que nos ayudará a enmarcar el contexto de la voz del instinto:

En una ocasión una madre lloraba desconsolada diciéndome que pasó los primeros meses de vida de su bebé con una angustia terrible porque creía que le iba a pasar algo a su pequeño por la noche. Ella había dejado dormir solo a su bebé porque así se lo dijeron sus amigas, el doctor y la suegra. La pobre madre pasaba noches sin dormir y cuando empezaba a dormitar, el llanto del bebé la despertaba para la siguiente toma. Entonces ella reaccionaba de inmediato y su esposo la detenía para que dejara al bebé llorar y no lo acostumbrara a la inmediatez, hecho que daba pie a una discusión entre ellos de varios minutos donde la madre terminaba llorando y aún más preocupada. El llanto del bebé fue en aumento hasta que la situación se transformó en una crisis familiar donde todos terminaron sin poder descansar y así continuó todo hasta que el niño cumplió un año.

Al final de la historia, el bebé nunca se acostumbró a dormir durante la noche, la pareja terminó agotada, la madre con crisis de angustia y por si esto fuera poco, con un inmenso rencor hacia su marido a quien no le perdonaba que no la hubiera dejado acudir a ver al bebé inmediatamente y cada vez que lo contaba volvía a revivir la desesperación y la furia hacia su pareja.

Otro caso fue el de una madre que me preguntaba si era normal o había sido mala madre, ya que a ella no le importó dejar a su bebé en otra habitación a temprana edad y el llanto del mismo no le provocaba tal angustia como a otras mujeres. A pesar de esto, su bebé tardó tres días en adaptarse al esquema.

En cuanto a mi concierne yo diría que no se puede juzgar a ninguna de las dos madres, ni comparar como una lo hace mejor que otra, ya que lo que le funciona a una, no le funcionará a otra. Por ejemplo, se sabe que hay niños que se adaptan más fácilmente que otros, o niños que necesitan más contacto o están también los que duermen menos. Esto es así, somos seres diversos con necesidades diversas.

Por otro parte cuando llega el momento de decidir por qué tipo de crianza optar, si por una de apego o una desapego es conveniente tomar en cuenta algunos factores pero sobre todo tener presente la tranquilidad del cuidador. Si es la madre la que pasará más tiempo con el bebé es ella quien deberá decidir qué es lo que le brindará más calma. Ya que un cuidador angustiado da como resultado un bebé más irritable e intranquilo. Por el contrario, una madre convencida de que lo que hace es lo correcto y está tranquila, eso le transmitirá a su pequeño y todo se volverá más llevadero.

La decisión de cuál método es el mejor, creo que se lo dejaré al cuidador y al sentimiento de sosiego que le brinde ya sea uno u otro método. Yo más bien les hablaré de la opción del apego y sus ventajas en el siguiente artículo, pero seguramente las mamás convencidas de una separación temprana también pueden dar las ventajas de su método; aquí lo importante es que decidas lo que mejor te haga sentir.

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